Eppure si gana

08/12/2015 @Mariluzsanchez

El Real Zaragoza sumó tres puntos imprescindibles para mantenerse en la parte alta de la clasificación. Terceros, a tres puntos del Alavés que marca el objetivo del ascenso sin pasar por el play off.

Ayer, el Real Zaragoza visitaba San Mamés, arropado por unos setecientos aficionados que se desplazaron hasta la capital vizcaína con muchas ganas de fútbol y sobre todo de victoria.
 
La baja de Diamanka en el centro de campo, en la organización, unida a las que ya se venían arrastrando de anteriores semanas, obligó a Ranko Popovic a rehacer el equipo y aquí el serbio tiró de imaginación y creatividad porque la apuesta por Abraham en la medular, desplazando a Pedro a una banda y a Ángel -otra vez- a la otra, es algo que entraba en los cálculos lógicos de muy pocos.
 
Así las cosas, los maños empezaron el partido algo desubicados, intentando asentarse con la novedades entre la maraña defensiva del equipo menos goleador de la categoría, siendo también uno de los que menos goles encaja. Erik Morán intentaba oxigenar el juego zaragocista en la salida del balón que fundamentalmente se cargaba sobre la banda izquierda con Pedro y Rico, mientras que la defensa con Cabrera y Vallejo achicaba el impetu de los jóvenes cachorros que se lanzaban al ataque con más ganas que acierto. En esta situación, la portería de Remiro se hacía un lugar lejano pero esta situación se revirtió en el minuto nueve, cuando Ángel Rodríguez cabeceó a placer un córner centrado a la perfección por Pedro, por el Pedro que aporta calidad y del que nos gusta disfrutar.
 
Con la ventaja en el marcador, el Real Zaragoza templó el partido y pasó a dominar lo que ocurría en cada espacio si bien no estableció la jerarquía que se esperaría cuando se enfrenta un aspirante al ascenso y el colista de la Liga Adelante. No se podría decir si por la extraña compañía de Abraham en el pivote o por propio mérito, lo cierto es que Albert Dorca creció en el centro de campo y a pesar de no ser capaces de entrar en conexión fluida con Ortuño se controló el partido sin apuros reseñables. De hecho, la ocasión más clara para poder modificar el marcador la tuvo Pedro casi al filo del descanso cuando Ángel actuó del listo de la clase para rebañar un balón antes de que la defensa local lo despejase y asistir a Pedro que vio repelido su disparo por la mano de Remiro.
 
A la vuelta de los vestuarios, el Cuco Ziganda quemó sus opciones con un triple cambio que aportó frescura al Bilbao Athletic y conllevó el lucimiento de Bono en varias jugadas, en especial hacia el final de los noventa minutos. Por su parte, Popovic retocó once y esquema con la salida de Abraham para dar paso a Jorge Díaz, lo que ocasionó un nuevo periodo de transición y asentamiento al 442 que ahora se dibujaba y con el cual Ángel se hacía un jugador útil pero la línea media sufría para reubicarse. La apuesta a partir de ese momento fue por mantener los puntos conseguidos y tratar de afianzarlos a la contra. Al menos así fue durante el siguiente cuarto de hora, hasta que Sergio Gil reemplazó a Ángel. La entrada del zaragozano dio criterio de nuevo al juego zaragocista aunque se chocó con el cansancio de Pedro y el agotamiento de un casi inédito Ortuño. Eso sí, los doce minutos de Gil dieron para plantearse si su cambio no llegaba con setenta y ocho minutos de retraso y si la forma y formación del rival no hubiesen sido más propicias para la precisión de sus pases que para el experimento de un lateral izquierdo reconvertido a organizador. 
 
Eso es algo que ya no sabremos porque lo cierto, la realidad, es que los últimos minutos se fueron exprimiendo entre los reflejos providenciales de Bono y un remate al poste de Leandro Cabrera ante un desguarnecido filial que cayó ante el argumento de la experiencia. Los últimos treinta segundos fueron, finalmente, para ver a Buenacasa con la zamarra zaragocista que posiblemente no llegó ni a sudar.
 
Y se acabó. Partido feo, fútbol feo, fútbol en el filo de una navaja peligrosa porque el problema no es tanto lo estético como la inseguridad que desprende la falta de una base identitaria -bonita o fea, da igual- sobre la que descanse la regularidad necesaria para un ascenso. Agota vivir de partido en partido con la espectativa de no saber qué va a tocar esa jornada. Y sin embargo se gana y, sin abjurar nosotros del fútbol que nos gusta, los tres puntos nos gustan más que nada en este desierto.
 

La siguiente, en casa, en la vieja Romareda frente al Numancia. Noventa minutos más para el asalto al ascenso directo antes de Navidad. 

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